Mujer empresaria de éxito, ha construido durante cuarenta y cinco años un establecimiento de referencia más allá de la comarca del Campo de Gibraltar y la provincia. El primer año que comenzó con la moda flamenca, su buque insignia de hoy, vendió un solo traje. Pero Paquita no se rinde, nunca lo ha hecho, siempre con valentía y con constancia. Nos confiesa que la tienda y los clientes son su vida, a quienes está eternamente agradecida. Precisamente este es su secreto: saber ganarse al público, quien repite siempre con Paquita.

Unos minutos antes de abrir al público nos recibe Paquita en su establecimiento de Torres Quevedo. Entre volantes y accesorios comparte con ‘La Calle Real’ las experiencias de más de cuarenta años de trabajo, en los que ha conseguido levantar un establecimiento de referencia más allá de la comarca. Nos presenta a su equipo de trabajadores; su familia, sus hijas y sus dos nietos, y nos enseña orgullosa el establecimiento que ha levantando con tanto trabajo y un esfuerzo titánico, mientras además sacaba adelante sola a siete pequeños. En una esquinita de la tienda todavía aguanta la mercería con la que abrió en 1973 y a la que le tiene tanto cariño. En las escaleras que suben a la segunda planta cuelgan cientos de recuerdos y fotografías, reconocimientos y galardones. Cercana y distendida, como es Paquita, nos cuenta entre risas y carcajadas el secreto de su éxito. Pero nosotros ya sabemos cuál es la clave de todo: y es ella, Paquita.

Paquita, ¿cómo comenzó todo?

Yo vivía en la calle Zorrilla, en el barrio de La Colonia, y hacía punto a máquina para la calle. Cuando abrió el colegio Carlos V y pusieron uniforme, se me ocurrió proponerle a la directora hacer yo los jerséis de los uniformes. En ese momento me mudé aquí, a Torres Quevedo, porque construyeron las ‘Cuatro Plantas’ y vi que donde podía tener más público era aquí, en esta calle. Así que me vine, puse mi máquina de coser delante del escaparate y ahí me ponía a hacer punto hasta que la gente fue entrando y entrando. Llegó un momento que no daba abasto, tenía mucha demanda de jerséis. Así que me llegué a una fábrica que había antiguamente en San Roque y me traje unos pocos de jerséis ya hechos, y entonces me di cuenta que ganaba más dinero con los que ya estaban hechos que con los que yo hacía a mano, porque es que me tiraba día y noche cosiendo.

En aquel momento la vida era muy difícil, muy difícil, no es como ahora. Antes levantar un negocio era muy complicado. Me acuerdo que fui a un almacén al por mayor buscando ropita de bebé para vender, y no me dejaron nada porque no tenía dinero. Acababa de empezar y no tenía nada, hasta el terreno del local lo estaba pagando a plazos. Lo debía todo: el material de construcción, las estanterías, el mostrador. No tenía nada, pero poco a poco y trabajando mucho lo fui pagando todo. Todo lo que ganaba era para pagar. Fui a otro almacén, gracias a Almacenes Mérida, que me acordaré toda la vida, hablé con el encargado, le expliqué que tenía una tienda en muy buen sitio, y que hacía jerséis pero que quería vender otras cositas más, porque es que la gente me lo pedía, los convencí y me harté de traerme ropa. Me traje 93 mil pesetas en ropa. Todas las semanas ellos venían por aquí y yo les iba pagando, todo el dinero que hacía se los daba. Tú abres un comercio y no te da nadie nada, pero si tú ya tienes una tienda establecida como la tenemos hoy, si pido un artículo ahora me ofrecen veinte.

El primer año que traje vestidos de flamenca, vendí solo uno

Desde luego no debe ser fácil levantar un establecimiento referencia en la comarca y la costa del Sol

Fue muy difícil, pero no podía quedarme quieta, tenía que tirar para adelante y hacer algo. Me pasaba los días y las noches haciendo punto, ni me acostaba. Yo estaba sola sola, con cinco niños chiquititos que tenía entonces, una madre enferma, un marido que estaba malo, trabajando aquí de día y de noche, trabajando en la tienda y en la casa. He pasado mucho, y el pasarlo tan mal me ha obligado a trabajar más y más. Esto no es para contarlo, esto es para vivirlo. Ya luego cuando la gente veía que tenía la tienda abierta con tantas cositas ya venían los representantes. Entonces ya empecé a vender ropa de bebé, de niño, de señora, de caballero. Vendíamos de todo: ropa interior, uniformes, hasta trajes de novia y madrina. Aquí es que no había nada. Yo me iba hasta Londres a comprar rompa para venderla aquí en España, y la vendía como rosquilla. El primer día nos pusimos a vender hasta flotadores para llenar la tienda. También teníamos una parte que era mercería, y por las tardes se venían las marías para aprender a hacer punto. Siempre me ha gustado coser y hacer punto para la calle.

Yo siempre le decía a la gente: “llévatelo, llévatelo y ya me lo pagarás. Mira que jerséis más bonitos, llévatelo”, porque lo que quería era hacer clientela, vender y tirar para adelante. Fíjate que me hicieron hasta una chirigota en los Carnavales con el: “llévatelo, llévatelo”. Aquí hemos salido adelante gracias a la gente, que es muy buena. Tenía una vecina que decía: “hay que ayudarle a Paquita, hay que ir de Paquita”, y me levantó La Colonia entera. El primer día que abrí la tienda, en el año 73, hice dos mil pesetas, que eso entonces era un capital. Y así hemos ido tirando y tirando.

¿Cómo comienza con la moda flamenca?

El primer año que traje vestidos de flamenca, vendí solo uno. Me acuerdo hasta del color: blanco con lunares azulitos. Y me acuerdo de la clienta, el marido era fontanero y se lo llevó para pagármelo poquito a poco. Fue el único que vendí, todos los demás tuve que devolverlos. Pero aquello me gustó y lo empecé a traer año tras año. Iba a Sevilla a por ellos y me traía los que más me gustaban. Ahora trabajamos con marcas sevillanas, que son las mejores que hay. Tenemos una casa que nos hace todo lo que pidamos, hacemos los trajes, los conjuntos y accesorios personalizados. Tenemos trajes de todas las clases y si hay uno que no lo tenemos, lo traemos. En esto somos los mejores, porque esto no lo hay ni en Sevilla. Tenemos cientos de trajes, de todos los colores, de todas las formas, de todas las tallas, más caros y más baratos.

Ahora además también son muy fuertes en Halloween, Navidad, Carnavales, comuniones…un poco de todo

Nos hemos especializado por temporadas: en moda flamenca somos los mejores del Campo de Gibraltar y la Costa del Sol. En Carnaval somos los mejores y en comuniones también. En Navidad, llenamos la tienda entera de Navidad, en Carnaval lo cambiamos todo y nos centramos en Carnaval, en Halloween igual. Hemos sido pioneros en meter Halloween aquí en la zona. Vendemos muchos disfraces para Gibraltar. Esto ha costado mucho trabajo,
pero estamos muy orgullosos. Hemos ido probando y probando hasta que con la experiencia hemos visto qué es lo que mejor funciona.

¿Han notado la crisis económica?

El año que más notamos la crisis fue el 2011. No vendíamos apenas, pero hacíamos muchos arreglos. Aquí después de tantos años hemos visto como han abierto muchas tiendas y luego han tenido que cerrar, y nosotros siempre hemos aguantado. Desde fuera se ve muy bonito, pero ha habido momentos muy difíciles. Los años 74,75 y 76 fueron malísimos, porque aquí en La Línea no había, estaba hasta la frontera cerrada. Si hemos conseguido salir adelante es por la constancia.

Si hemos conseguido salir adelante es por la constancia

La marca ‘Paquita’ llega a toda la comarca y la costa del Sol

A todos lados. Hemos mandamos trajes hasta para Sevilla. Tenemos clientas que vienen a vestirse aquí para la Feria de Abril. Trajes de comuniones también hemos mandado muchos online, a Extremadura y hasta La Rioja. Ahora estamos preparando una página web.

¿Cuál es el secreto del éxito?

El secreto es ser como somos nosotros, muy normales. Lo más importante es tratar bien al público. El público es la clave del éxito. Nosotros aquí queremos a nuestros clientes, le damos un trato personalizado, porque la gente es la que te da el dinero. Cuántas tiendas hay que llegas y ni te saludan al entrar. Yo a mis niñas les tengo dicho que no le hablen a nadie de usted, sino de tú a tú, que les den confianza, que se paren a hablar con los clientes, eso es lo más bonito. Hay quien piensa que por tener una tienda lo tiene todo, pero en realidad no tiene nada, nada más que al público. Si no tienes contento al púbico no tienes nada. El secreto es tratar al público como un rey. La gente que viene aquí se encuentra como en su casa, y la que viene siempre repite. Vienen un año y al otro traen a una amiga, al otro a otra, el boca a boca es la mejor publicidad. Todo el mundo sabe donde  está Paquita y mira que no estamos en un sitio céntrico. Además, aquí no decimos nunca que no. El no está prohibido.

La tienda es mi vida

Y es que por aquí han pasado también muchos famosos

Por aquí han pasado todos los políticos de la comarca. También hemos tenido a famosos como Marujita Díaz. He conocido a la Duquesa de Alba, a las Carlotas, a la mujer de Esparcato Santoni, a los de la chirigota del Sheriff y muchísimos más. Si tu supieras como tengo los cajones de fotos, tengo muchísimas, de desfiles que hemos hechos, de reconocimientos, de todo. Me siento muy querida.

También ha sabido rodearse de un buen equipo: su familia

A las niñas las quité de la escuela con catorce años porque me hacían mucha falta. No podía tener a las niñas estudiando porque no tenía medios para que estudiaran y me hacían falta aquí en la tienda. Ahora tenemos aquí hasta tres generaciones, mis dos niñas y mis dos nietos. Nos llevamos muy bien. Cada uno se dedica a una cosa. Mari Carmen es la decoradora porque tiene unas manos increíbles. Ella se encarga de todo lo que sea decoración, los escaparates, y de vender la planta de arriba entera. Inmaculada es vendedora también y encargada de los pedidos. Dani está en la caja y Miguel Ángel es el experto en disfraces. Yo estoy de aquí para allá, hago la calle, me he quedado de relaciones públicas. A mis niñas y mis nietos esto les gusta, han nacido aquí, en este ambiente y aprenden muy rápido porque lo llevan en los genes. No quiero que esto se pierda porque me ha costado mucho trabajo. Nosotros ahora estamos recogiendo los frutos después de tantos años de siembra, y no quiero que esto se pierda.

Si no tienes contento al púbico no tienes nada. El público es la clave del
éxito

Paquita ¿y el futuro cómo se lo plantea?

Pues algún día tendré que descansar. Sé que la tienda se queda en muy buenas manos, pero vamos, que me va a constar mucho trabajo irme porque no sé hacer otra cosa, nada más que negocios. La tienda es mi vida. Yo ya no tengo por qué trabajar, ya puedo retirarme tranquila, pero es que a mí esto me encanta, me gusta venir aquí y charlar con una y con otra. Cuando pasan dos días seguidos de fiesta y estamos cerrados me aburro, no lo aguanto. Lo bonito es estar aquí hablando con una y con otra. Estoy muy orgullosa porque empecé sin nada y ahora si quiero me puedo jubilar tranquilamente.

Sin duda la marca ‘Paquita’ está muy vinculada a la Feria

Nosotros cuando llegan las ferias no paramos. Empezamos con el Rocío, luego con la feria de Castellar y terminamos en agosto con Tarifa. Este año además estamos muy contentos porque vestimos a la Corte Infantil y Juvenil de nuestra feria de La Línea. También salimos como todos los años en la Cabalgata, que ahora estamos sacando dos carrozas porque en una no cabemos toda la familia, los siete niños con sus parejas y los nietos. Hemos vestido a las cortes de muchas ferias de otros municipios, pero yo tengo especial ilusión por la de mi Línea. Nosotros no hacemos los trajes de la corte por el dinero, si no por la ilusión. Es la ilusión de ver mis trajes vistiendo a mi corte, en mi feria. A mi me encanta la feria, voy siempre a todas las casetas que puedo, entro en una y luego en otro y en otra, como los conozco a todos. Me lo paso genial en todas y nos atienden muy bien.

¿Qué se va a llevar este año?

El lunar nunca pasa de moda, pero lo que más se lleva este año son los estampados de flores y las guirnaldas en el pelo, los escotes bajos y la espalda abiertas.

¿Qué les diría a los vecinos de La Línea?

Yo nací en Jimena, pero me vine muy chiquitita a La Línea y aquí me he criado, aquí he tenido mis niños, aquí he construido mi familia y mi negocio. La Línea me lo ha dado todo. En los más de cuarenta años que tenemos la tienda abierta, nunca hemos tenido ningún problema con nadie. Aquí hay personas muy buenas, en La Línea somos diferentes, somos muy acogedores. Estoy muy contenta y satisfecha de pertenecer a La Línea. Estoy muy agradecida a la gente de La Línea, no sé como darles las gracias por todo.

Estamos recogiendo los frutos después de tantos años de siembra

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