Rubén Alejandro Osuna Martín es un joven linense que hace siete años hizo las maletas para recorrer medio mundo y ampliar así su formación profesional; domina tres idiomas a la perfección. Asegura que esta experiencia lo ha convertido en mejor persona. En estos momentos trabaja como docente en un colegio estadounidense en Heidelberg, al sur de Alemania.

Licenciado en Filología Inglesa por la Universidad de Granada, Rubén completa su formación con un Máster de Profesorado por la Universidad Internacional de Valencia. Además, es examinador oficial de todos los niveles DELE (Español como Lengua Extranjera) por el Instituto Cervantes de Gibraltar y Frankfurt. Su experiencia y trayectoria lo avalan como docente con capacitación para la enseñanza en España, Reino Unido, Alemania y Estados Unidos, dado su nivel de idiomas C2 en inglés y C1 en alemán.

Desde hace más de seis años, este linense por el mundo vive en Heidelberg, una ciudad ubicada al sur de Alemania con gran ambiente universitario. Hace dos años comenzó a trabajar como docente en un colegio estadounidense perteneciente a la base militar norteamericana de Wiesbaden, donde imparte la asignatura de historia y cultura alemana. También ha trabajado en el Heidelberger Pädagogium de Heidelberg y en el Colegio Internacional de Frankfurt impartiendo español. En este sentido, Rubén trabaja en un ámbito internacional en el que emplea a diario tres idiomas: español por la gran influencia latina en Estados Unidos, inglés y alemán.

Ser profesor siempre ha sido su gran vocación: “es muy gratificante llegar a casa y saber que tu labor de facilitador ha servido como referente para cientos de estudiantes”.

Su espíritu aventurero lo empujó a viajar alrededor el mundo. También lo animó un grupo de amigos que hizo durante el voluntariado del programa “Buddies” de ayuda a estudiantes Erasmus en la Universidad de Granada, en la que facilitó la estancia de cinco estudiantes alemanes a su cargo. Además, “acabé mis estudios y veía muy importante que mi formación se implementase en el extranjero, siendo aún joven”, señala.

El comienzo de esta experiencia fue dura, y por supuesto se echa mucho de menos nuestra tierra; sin embargo, este linense no duda en recomendar la aventura “para así madurar, aprender y conocer otras culturas que te ayuden a ser mejor persona. Se echa mucho de menos tu tierra, tu gente, la comida y sobre todo la familia, pero la verdad es que me siento un privilegiado, porque después de arduos trámites para cumplir con toda la inmensa lista de requisitos y así poder convalidar mis estudios, Alemania me brindó la oportunidad de comenzar de cero en mi profesión, cosa que lamentablemente en España casi nunca ocurre. Estoy muy contento con mi trabajo, estoy adquiriendo una experiencia internacional muy importante y sí que espero volver pronto, en un futuro no muy lejano, y poder impartir lengua extranjera allí”.

Ahora mismo Heidelberg se ha convertido en su hogar. “Todo el que viene se enamora de esta ciudad. Posee un castillo y un casco antiguo muy bonito. También tiene bosques en los que hacer senderismo, además de la posibilidad de visitar un antiguo anfiteatro oculto en la montaña, utilizado en tiempos de los nazis, el emblemático edificio de la biblioteca de la Universidad y el puente Viejo realizado en piedra. Aquí te puedes encontrar con gente de muchísimos lugares del mundo, por lo que la ciudad posee un ambiente bastante multicultural y amigable”, apunta. En su tiempo libre, este joven linense aprovecha para practicar deporte. También le encanta organizar eventos y conocer gente nueva.

En cuanto al futuro; “soy una persona muy optimista y creo que siempre pasan las cosas por algo. Si hay cambios serán para mejor, así que, como dice mi padre, ¨despacito y con buena letra¨ y a continuar creciendo en mi ámbito. Espero estar muy pronto en un colegio Bilingüe/Internacional de mi querida Andalucía, compartiendo vivencias con alumnos españoles”.

Por supuesto, en esta gran aventura también hay tiempo para echar de menos La Línea: “a la familia, a los amigos de siempre, el mar, el mar, y el mar…¡ay cuánto echo de menos ver la playa y oler la brisa! También algo que nunca perdono, cada vez que voy, es mi bocadillo ¨africano¨ del Francis y mi pescaito frito”.

Así, Rubén envía un mensaje positivo para los vecinos de nuestra ciudad: “en lugar de quejarnos por la mala imagen que se proyecta de La Línea, debemos centrar nuestros esfuerzos en demostrar, aportando cada uno nuestro granito de arena, que su gente es buena y que con esfuerzo y trabajo todo se puede. Hay muchísima gente con gran formación, como mis hermanos y yo, con cuna en La Línea, que demuestra que ser de La Línea y de Cádiz es todo un orgullo”, concluye.

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