“Mi padre era un hombre muy avanzado, pero nadie nos ha regalado nunca nada”

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Hemos quedado con Isabel Gavira, gerente de la cadena de cafeterías y pastelerías Okay, en el local donde comenzó toda la historia. En la calle Real con San Pablo, en el corazón de La Línea. Allí la encontramos ayudando a una mujer a abrir su paraguas para hacer frente a un día lluvioso y plomizo. Nos saluda y nos invita a pasar a las mesas de dentro para poder conversar con algo más de tranquilidad en una cafetería que disfruta del bullicio de la mañana. Diez de los 157 trabajadores que tiene empleados la cadena campogibraltareña en sus 12 establecimientos están en el turno de la mañana.

“Este es el Okay tradicional, el de toda la vida”, apunta Tamara Pérez Gavira, hija de Isabel Gavira, en la empresa desde 2001 y responsable de ese nuevo concepto que la marca ha empezado a incorporar con las cafeterías abiertas en la algecireña Plaza Alta, en San Roque y en Pueblo Nuevo de Guadiaro, y que pronto podrá verse en el local ubicado en la plaza de la Constitución de La Línea.

En la actualidad, los dos modelos de Okay, el tradicional y el nuevo, conviven en el negocio familiar

De momento, ambos modelos conviven pero Tamara ya apunta a que habrá que ir avanzando. Al fin y al cabo, el público y las necesidades también están variando y Okay quiere seguir manteniéndose como referencia en el Campo de Gibraltar como pastelería y cafetería, pero también como panadería, punto de venta de nuevos productos elaborados y hasta novedosos servicios como catering para pequeñas reuniones de empresa o eventos. 

Pero hoy toca disfrutar de la historia, de vivir allí, junto a una taza de café, del ambiente que rodea a la primera cafetería que abrió Manuel Gavira junto con el obrador -inaugurados ambos en el año 1961– y que se mantuvo abierto en pleno centro de La Línea hasta el año 2007. Fue ese año y por cuestiones de logística y de volumen de negocio cuando el obrador fue trasladado a la zona del Zabal. 

Pero volvamos al café, a ese momento en el que Beli -conocida así popularmente-  nos revela por qué muchos linenses siguen llamado al Okay el Jockey. Ese fue el nombre que su padre, que trabajaba en la distribución, eligió para su cafetería. “Mi padre era una persona muy avanzada y quería tener un negocio que le permitiese ingresos y pensó en montar una cafetería a la que le puso el nombre de Jockey. Unos cinco años más tarde el propietario de un restaurante de Madrid que al parecer tenía mucha fama le llamó para decirle que no podía mantener ese nombre, que lo tenían registrado. Y así, jugando con las palabras, decidió dejarlo en Okay. Pero es cierto que todavía hoy hay mucha gente que recuerda el nombre original”, explica Beli.

Todavía hay mucha gente en La Línea que sigue hablando del Jockey, el nombre inicial que Manuel Gavira puso a su cafetería 

Esta mujer, cuya edad no nos descubre por coquetería, relata cómo su padre fue a Cataluña a buscar un pastelero con el que iniciar su ambicioso proyecto. “Él creía que estando Gibraltar al lado y teniendo los ingleses una tradición pastelera tan arraigada, sería una buena oportunidad crear una pastelería. Se trajo al pastelero y a su familia, le pagó la casa y luego éste se hizo con su equipo, y fue así como comenzó todo, abriendo esta cafetería y el obrador en frente”, explica Beli señalando por la ventana. 

Esfuerzo y trabajo. Esas son, en su opinión, las claves que le han llevado hasta este momento. “Nadie nos ha regalado nada nunca. Yo me pasaba aquí todos los días de Reyes pendiente de la clientela mientras mi marido se iba con las niñas a las cabalgatas. El día de las madres, o del padre, que antes se celebraba de manera distinta a la de ahora, me venía al obrador a las seis de la mañana para echar una mano. Mi trabajo siempre ha estado en la gestión, pero estoy convencida de que por muy buen producto que tengas si no hay buen trato con el público no sirve para nada”, aclara Beli. 

La crisis se presenta de forma inevitable en la conversación. “Lo hemos pasado muy mal, pero hemos aguantado con todas los empleados y sus familias. Se ha ido alguna gente, pero porque ha querido. Ahora empezamos un tiempo nuevo. Llega Tamara y con ella, la savia nueva. Respeto mucho el trabajo que está haciendo. Lo hablamos y lo consensuamos todo, pero estoy dejando que inicie su propio camino”, explica orgullosa. “Mucha gente no creía en la apertura del Okay en la Plaza Alta y, sin embargo, ha sido un revulsivo para el centro de Algeciras”, añade Tamara. 

“Por muy buen producto que tengas si no hay buen trato con el público no sirve para nada”

Con ella, y con la sabia y constante compañía de su madre, Okay va adaptándose a los nuevos tiempos, a nuevos clientes, a un público con otras demandas. “Ahora no nos dedicamos solo al cruasán y al sándwich mixto, sino que hacemos ensaladas, tostas, desayunos inglés, baguettes, desayuno saludable… Actualmente conviven los dos modelos de Okay, el tradicional y el nuevo. De hecho, mi madre no ha conocido los nuevos hasta el día antes de su inauguración. Luego el resultado ha sido bueno y le ha gustado, pero durante la obra he preferido hacerlo a mi manera”, cuenta Tamara.

Al final de la conversación Beli reúne a todos sus empleados para una foto de familia al tiempo que va corrigiendo cosillas que va viendo por la cafetería. “Yo es que soy muy perfeccionista”, concluye.

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